1 La Aurora de azafranado peplo se extendía sobre toda la tierra,
2 y Zeus, el que arroja rayos, formó la asamblea de los dioses
3 en la más alta cima del Olimpo de muchos picos.
4 Y él mismo les habló, y los dioses todos atendieron:
5 “Escúchenme, todos los dioses y todas las diosas,
6 para que les diga lo que me ordena el ánimo en el pecho.
7 Esto ni una siquiera de las diosas mujeres ni uno de los varones
8 lo intente interrumpir, mis palabras, sino que todos juntos
9 apruébenlo, para que cuanto antes lleve a cabo estas acciones.
10 Y al que yo apartado de los dioses vea queriendo
11 ir a defender o a los troyanos o a los dánaos,
12 golpeado volverá al Olimpo, no como es adecuado,
13 o tras agarrarlo lo arrojaré al tenebroso Tártaro,
14 muy lejos, donde es más profundo el abismo bajo el suelo,
15 donde son de hierro las puertas y de bronce el umbral,
16 tan por debajo de Hades como el firmamento está lejos de la tierra.
17 Sabréis entonces por cuánto soy el más fuerte de todos los dioses.
18 ¡VAMOS!, inténtenlo, dioses, para que lo veáis todos:
19 tras colgar del firmamento una soga dorada
20 aférrense a ella todos los dioses y todas las diosas,
21 pero no arrastrarían del firmamento a la llanura
22 a Zeus, de excelsos planes, ni si se cansaran muchísimo;
23 pero en cuanto yo también quisiera con toda intención arrastrarlos,
24 los arrastraría con la tierra misma y el mar mismo.
25 Luego la cuerda en torno a un pico del Olimpo
26 ataría, y aquellas cosas quedarían todas en el aire.
27 Tanto estoy yo por encima de los dioses y por encima de los hombres.”
28 Así habló, y ellos, claro, se quedaron todos callados, en silencio,
29 impresionados por el discurso, pues muy contundentemente había hablado.
30 Y por fin dijo entre ellos la diosa Atenea de ojos refulgentes:
31 “¡Oh, padre nuestro, Cronida, excelso entre los poderosos!
32 ¡Nosotros ya sabemos que tu vigor es inquebrantable!
33 Pero sin embargo nos lamentamos por los dánaos portadores de lanzas,
34 que sin duda perecerán tras completar un mal destino.
35 Pero, bueno, nos alejaremos de la guerra, como vos ordenás,
36 mas aconsejaremos un plan a los argivos, alguno que los favorezca,
37 para que no todos perezcan aborrecidos por vos.”
38 Y sonriéndole dijo Zeus, que amontona las nubes:
39 “Animate, Tritogenia, hija querida. Para nada con el ánimo
40 resuelto hablo, y quiero ser benévolo contigo.”
41 Habiendo hablado así, ajustó al carro a los caballos de pies de bronce,
42 de veloces pies, ambos con largas crines doradas,
43 y él mismo vistió oro en torno a su piel, y tomó la tralla,
44 dorada, bien fabricada, y se subió a su carro,
45 y blandió el látigo para que galoparan y no de mala gana voló el dúo
46 por el medio de la tierra y el estrellado firmamento,
47 y llegó al Ida de muchos manantiales, madre de fieras,
48 al Gárgaro - allí tenía un recinto y un altar fragante.
49 Allí paró a los caballos el padre de varones y dioses,
50 soltándolos del carro, y les derramó encima mucha niebla,
51 y él mismo se sentó en las cimas, exultante de gloria,
52 contemplando la ciudad de los troyanos y las naves de los aqueos.
53 Aquellos, claro, tomaron la comida, los aqueos de largos cabellos,
54 velozmente en las tiendas, y después de esta se armaron,
55 y los troyanos, por su parte, del otro lado, en la ciudad se prepararon,
56 siendo menos, mas aun así ansiaban combatir en batalla,
57 por forzosa necesidad, por sus niños y por sus mujeres.
58 Y abrieron todas las puertas, y corrieron hacia fuera las tropas,
59 infantes y conductores de carros, y se elevó un enorme estruendo.
60 Ellos, en el momento en que juntándose llegaron a un mismo terreno,
61 entrechocaron los cueros, y con ellos las picas y el furor de los varones
62 de corazas de bronce, y los escudos repujados
63 se acercaron unos a otros, y se elevó un enorme estruendo,
64 y entonces a la vez sollozos y gritos de triunfo salían de varones
65 matando y muriendo, y fluía con sangre la tierra.
66 Mientras estuvo la Aurora y se elevó el sagrado día,
67 las saetas alcanzaban mucho a ambos, y caía la tropa;
68 mas cuando el Sol ocupó el centro del firmamento,
69 en ese momento el padre desplegó la dorada balanza,
70 y en ella puso a dos espíritus de la muerte de largas penas,
71 de los troyanos domadores de caballos y los aqueos vestidos de bronce,
72 y tiró tomándola del medio, y se inclinó el día fatal de los aqueos.
73 Los espíritus de la muerte de los aqueos sobre la muy nutricia tierra
74 se posaron y los de los troyanos hacia el vasto firmamento ascendieron.
75 Y él mismo tronó fuerte desde el Ida, y un relampagueante
76 fulgor lanzó hacia el pueblo de los aqueos, y ellos, viéndolo,
77 se asombraron, y a todos los sobrecogió el pálido miedo.
78 Entonces ni Idomeneo se animó a resistir, ni Agamenón,
79 ni los dos Ayantes resistieron, servidores de Ares.
80 Néstor solo resistía, el gerenio guardián de los aqueos,
81 no de grado, sino que tenía agobiado un caballo que con un dardo hirió
82 el divino Alejandro, esposo de Helena de bellos cabellos,
83 en lo alto de la cabeza, donde las primeras crines de los caballos
84 nacen en sus cráneos y es más mortal,
85 y adolorido se encabritó, y la flecha se hundió en su cerebro,
86 y conturbaba a los demás caballos rodando en torno al bronce.
87 Mientras el anciano cortaba las bridas del caballo lateral
88 saltando con su espada, los veloces caballos de Héctor
89 llegaron a la carrera, a un osado auriga llevando,
90 a Héctor. Y entonces habría perdido la vida el anciano,
91 si no lo hubiera visto agudamente Diomedes de buen grito de guerra,
92 y espantosamente le hubiera gritado a Odiseo, alentándolo:
93 “Laertíada del linaje de Zeus, Odiseo de muchos recursos,
94 ¿a dónde huyes, volviendo la espalda, como un hombre vil en la turba?
95 No sea que alguno mientras huyes te clave la lanza en la espalda.
96 Pero permanece para que alejemos del anciano a un varón salvaje.”
97 Así habló, mas no lo escuchó el divino Odiseo de mucho aguante,
98 sino que pasó a su lado, yendo hacia las cóncavas naves de los aqueos.
99 Y el Tidida, aun estando solo se mezcló entre las primeras filas,
100 y se paró delante de los caballos del anciano Nelida
101 y hablándole dijo estas aladas palabras:
102 “¡Oh, anciano! ¡Sin duda te agobian los combatientes jóvenes,
103 tu fuerza se ha aflojado, la difícil vejez te acompaña,
104 tu servidor es en verdad enquencle y tus caballos son lentos!
105 Así que, ¡vamos!, sube a mi carro, para que veas
106 cómo son los caballos de Tros, conocedores de la llanura,
107 de muy raudamente por aquí y por allí perseguir y escaparse,
108 los que le arrebaté alguna vez a Eneas, instigadores del espanto.
109 Que de esos dos se encarguen los dos servidores, y nosotros dos a estos
110 dirijamos contra los troyanos domadores de caballos para que también Héctor
111 sepa si se enfurece también mi lanza en mis palmas.”
112 Así habló, y no desobedeció Néstor, jinete gerenio.
113 De las nestóreas yeguas se encargaron los dos servidores,
114 el fuerte Esténelo y el gentil Eurimedonte,
115 y ellos dos subieron ambos al carro de Diomedes,
116 y Néstor tomó en sus manos las riendas radiantes,
117 y blandió el látigo sobre los caballos, y pronto llegaron cerca de Héctor,
118 y hacia él, que acometía derecho, disparó el hijo de Tideo
119 y a él, claro, le erró, mas a su auriga, a su servidor,
120 al hijo de Tebeo de inmenso ánimo, a Eniopeo,
121 que tenía las riendas del carro, lo hirió en el pecho junto a la tetilla,
122 y se desplomó del carro, y recularon sus caballos
123 [de pies veloces, y se aflojaron allí su furor y su vida.]
124 Y a Héctor un horrible sufrimiento por su auriga le cubrió las entrañas.
125 Enseguida a aquel lo dejó, a pesar de estar afligido por su compañero,
126 tirado, y él fue en busca de un osado auriga, y, claro, ya no por mucho
127 carecieron de amo los caballos, pues al instante encontró
128 al osado Arqueptólemo Ifitida, al que, claro, entonces a los caballos
129 de pies veloces hizo subir, y le dio las riendas en las manos.
130 Entonces habría habido devastación y habrían sucedido hechos irreparables,
131 y los habrían encorralado en Ilión como corderos,
132 si no lo hubiera visto agudamente el padre de varones y dioses.
133 Y, claro, tronando tremendamente lanzó un blanco rayo,
134 y delante de los caballos de Diomedes lo lanzó hacia el suelo,
135 y una tremenda llama se impulsó del azufre ardiente,
136 y los caballos atemorizados se encogieron bajo el carro,
137 y a Néstor se le escaparon de las manos las riendas radiantes,
138 y temió él en su ánimo, y le dijo a Diomedes:
139 “Tidida, ¡vamos!, en fuga dirigí de nuevo a los solípedos caballos.
140 ¿Acaso no reconocés que no te acompaña el brío de Zeus?
141 Pues ahora a este concede gloria el Cronida Zeus,
142 por hoy. Más tarde de nuevo también a nosotros, si quiere,
143 nos la dará. Un varón nunca puede resguardarse del pensamiento de Zeus,
144 ni siendo muy fuerte, ya que sin duda es muy superior.”
145 Y luego le respondió Diomedes de buen grito de guerra:
146 “¡Sí, todas estas cosas, anciano, según la moira dijiste!
147 Pero llega este horrible sufrimiento a mi corazón y a mi ánimo,
148 pues Héctor alguna vez dirá, hablando entre los troyanos:
149 ‘El Tidida, por mí espantado, fue hacia las naves.’
150 Así alguna vez se ufanará, y entonces que me trague la vasta tierra.”
151 Y luego le respondió Néstor, jinete gerenio:
152 “¡Ahhh…! ¡Hijo del aguerrido Tideo, qué dijiste!
153 Pues aunque Héctor dirá que sos cobarde y endeble,
154 sin embargo no le harán caso los troyanos ni los dardaniones
155 ni las esposas de los troyanos, esforzados portadores de escudos,
156 a cuyos lozanos esposos arrojaste en el polvo.”
157 Tras hablar así, por supuesto, dio vuelta en fuga a los solípedos caballos
158 de nuevo a la carrera, y sobre él los troyanos y Héctor
159 con un estrépito sobrenatural derramaron gimientes saetas.
160 Y le bramó con fuerte voz el gran Héctor de centelleante casco:
161 “Tidida, te honraban mucho los dánaos de rápidos potrillos
162 con el asiento, las carnes y con copas llenas,
163 mas ahora no te honrarán. Al final resultaste igual a una mujer.
164 ¡Corré, muñequita cobarde, ya que no cediendo yo
165 no subirás a nuestras torres, ni a las mujeres
166 conducirás en las naves! Antes te entregaré a los dioses.”
167 Así habló, y el Tidida se debatía entre dos cosas,
168 dar vuelta los caballos y combatir de frente.
169 Tres veces se debatió en sus entrañas y en su ánimo,
170 tres veces, claro, tronó desde los montes ideos el ingenioso Zeus
171 dando un signo de que era troyana la victoria, del otro lado del combate.
172 Y Héctor exhortó a los troyanos bramando con fuerte voz:
173 “Troyanos y licios y dárdanos que combaten de cerca,
174 sean hombres, amigos, y recuerden su impetuoso brío.
175 Reconozco que Zeus me garantiza, bien dispuesto,
176 la victoria y gran gloria, y para los dánaos, en cambio, la desdicha.
177 ¡Bobos, esos que maquinaron estos muros,
178 débiles, insignificantes, y que no retendrán nuestro furor!
179 Los caballos fácilmente saltarán por encima del excavado foso.
180 Así que en cuanto esté sobre las huecas naves,
181 que haya entonces algún recuerdo del fuego destructor
182 para que queme con fuego las naves, y los mate también a ellos mismos,
183 [a los argivos, junto a las naves, despavoridos por el humo.]”
184 Habiendo hablado así, exhortó a sus caballos y les dijo:
185 “Zaino y también tú, Pie Veloz, y Alazán y el divino Fogoso,
186 páguenme ahora el cuidado con el que muchísimas veces
187 Andrómaca, hija de Eetión de corazón vigoroso,
188 a ustedes les puso antes trigo de dulce espíritu
189 y vino, que les mezclaba para beber cuando el ánimo se los mandara,
190 que a mí, que incluso me jacto de ser su lozano esposo.
191 Así que síganlos y aceleren para que tomemos
192 el nestóreo escudo, cuya fama ahora llega al firmamento,
193 la de que es todo de oro, las barras y él mismo,
194 y de los hombros de Diomedes domador de caballos
195 la labrada coraza, que Hefesto se cansó haciendo.
196 Si tomáramos las dos cosas, esperaría que los aqueos
197 esta misma noche se subieran a las rápidas naves.”
198 Así habló jactándose, y se indignó la venerable Hera,
199 y se sacudió en su trono, y se estremeció el gran Olimpo
200 y, claro, le dijo de frente al gran dios Poseidón:
201 “¡Ay, ay! ¡Sacudidor de la tierra de vasta fuerza! ¡Ni siquiera a vos
202 se te lamenta el ánimo en las entrañas por los dánaos que mueren!
203 Y ellos te llevan regalos a Hélica y también a Egas,
204 muchos y agraciados, y tú deseabas la victoria para ellos.
205 Pues si acaso quisiéramos cuantos somos defensores de los dánaos
206 a los troyanos rechazar y retener a Zeus de vasta voz,
207 allí mismo, en ese lugar, se quedaría afligido, sentado solo en el Ida.”
208 Y le dijo, muy amargado, el poderoso sacudidor de la tierra:
209 “Hera deslenguada, ¿qué es esta palabra que dijiste?
210 Yo no querría que combatiéramos con Zeus Cronión
211 nosotros, los demás, ya que sin duda es muy superior.”
212 Así ellos tales cosas se decían el uno al otro,
213 y de ellos cuanto contenía el foso desde las naves, desde la torre,
214 se llenó, igualmente de caballos y de varones portadores de escudos,
215 acorralados, y los acorralaba cual el rápido Ares
216 Héctor Priamida, cuando Zeus le dio gloria.
217 Y entonces habría quemado con ardiente fuego las bien balanceadas naves,
218 si no le hubiera puesto en las entrañas a Agamenón la venerable Hera
219 ajetreándose él mismo rápidamente alentar a los aqueos.
220 Y se echó a andar junto a las tiendas y las naves de los aqueos,
221 la gran capa purpúrea teniendo en la gruesa mano,
222 y se paró sobre la negra nave de inmenso fondo de Odiseo,
223 esa que estaba en el medio, para hacerse oír de ambos lados,
224 [tanto hasta las tiendas de Áyax Telamoníada,
225 como hasta las de Aquiles, que las bien balanceadas naves en los extremos
226 habían varado, confiados en su valentía y en la fuerza de sus manos.]
227 Y bramó a los dánaos con voz penetrante haciéndose oír:
228 “Vergüenza, argivos, ruines oprobios, solo en figura admirables.
229 ¿A dónde se fueron las jactancias, cuando decíamos ser los mejores,
230 las que cuando estábamos en Lemnos proclamabais petulantes,
231 comiendo mucha carne de vacas de rectos cuernos,
232 bebiendo crateras repletas de vino,
233 que cada uno ante cien y doscientos de los troyanos
234 os pararíais en la guerra? Y ahora ni por uno valemos,
235 por Héctor, que pronto quemará las naves con ardiente fuego.
236 Padre Zeus, ¿acaso ya antes a alguno de los reyes de furor inmenso
237 has cegado con esta ceguera y le has robado una gran gloria?
238 ¡Estoy seguro de que nunca un bellísimo altar tuyo
239 con la nave de muchos escálamos pasé de largo al venir para mi perdición,
240 sino que en todos grasa de vacas y muslos quemé,
241 ansiando Troya bien amurallada saquear!
242 Pero, Zeus, por lo menos cúmpleme este deseo:
243 ¡por lo menos deja que nosotros mismos escapemos y nos evadamos,
244 y no dejes que los aqueos sean doblegados así por los troyanos!”
245 Así habló, y el padre se lamentó por él, que vertía lágrimas,
246 y le asintió que estuviera a salvo el pueblo y no pereciera,
247 y enseguida envió un águila, la más perfecta entre los que vuelan,
248 que tenía en las garras un cervatillo, el hijo de una rápida cierva,
249 y junto a un bellísimo altar de Zeus dejó caer al cervatillo,
250 donde sacrificaban a Zeus de todos los presagios.
251 Y cuando entonces ellos vieron que, claro, el pájaro venía de Zeus,
252 aun más corrieron contra los troyanos, y recordaron su bélica lujuria.
253 Entonces ninguno de los dánaos el primero, aun siendo muchos,
254 se jactó antes que el Tidida de detener sus veloces caballos,
255 ni de alejarlos del foso y combatir frente a frente,
256 sino que con mucho el primero sometió a un varón troyano portador de casco,
257 a Agelao Fradmónida. Él había dado vuelta los caballos en fuga,
258 y una vez vuelto le clavó la lanza en la espalda,
259 en el medio de los hombros, y le atravesó el pecho,
260 y se desplomó del carro, y sobre él resonaron las armas.
261 Y después de él, los Atridas Agamenón y Menelao,
262 y tras estos, los Ayantes, cubiertos de impetuoso brío,
263 y tras estos, Idomeneo y el vasallo de Idomeneo,
264 Meriones, igual al homicida Enialio,
265 y tras estos, Eurípilo, brillante hijo de Evemón,
266 y Teucro fue noveno, tensando el curvado arco,
267 y se paró, claro, bajo el gran escudo de Áyax Telamonio.
268 Áyax entonces corría el escudo, y él, por su parte, el héroe,
269 escrutando, una vez que disparando a alguno en la turba
270 lo hería, este tras caer allí pierde la vida,
271 y él, por su parte, como un niño bajo su madre se hundía, yendo de nuevo
272 hacia Áyax, y este lo ocultaba con el escudo reluciente.
273 ¿A cuál de los troyanos entonces sometió primero el insuperable Teucro?
274 A Orsíloco primero, y a Órmeno y además a Ofelestes,
275 a Détor, a Cromio y también a Licofontes igual a los dioses,
276 y a Amopaón Poliemónida y a Melanipo,
277 [a todos sin parar los derribó sobre la muy nutricia tierra.]
278 Y se alegró el soberano de varones Agamenón al verlo
279 matar con su fuerte arco falanges de los troyanos,
280 y se paró yendo junto a él y le dirigió estas palabras:
281 “Teucro, querida cabeza, Telamonio comandante de tropas,
282 dispara así, por si surgieras como una luz para los dánaos
283 y para tu padre Telamón, que te nutrió siendo pequeño
284 y te cobijó, aun siendo bastardo, en su casa.
285 Incluso estando lejos hazlo marchar sobre una buena fama.
286 Y yo te diré lo que también se ha de cumplir:
287 si me concede Zeus portador de la égida y Atenea
288 saquear la bien edificada ciudad de Ilión,
289 a vos primero, después de mí, te pondré en la mano una recompensa,
290 o un trípode o dos caballos con su propio carro,
291 o una mujer, que subiría contigo a un mismo lecho.”
292 Y respondiendo le habló el insuperable Teucro:
293 “Atrida, el más glorioso, ¿por qué a mí, que me apresuro yo solo,
294 me alientas? Por cierto que cuanta fuerza tengo, al menos,
295 no calmo, sino que desde que los empujamos a ellos hacia Ilión,
296 desde ese momento aniquilo varones, recibiéndolos con mi arco.
297 ¡Ocho flechas de alargada punta lancé,
298 y todas se clavaron en la piel de audaces guerreros lozanos!
299 Mas no puedo herir a ese perro rabioso.”
300 Dijo, claro, y despidió otra flecha de la cuerda
301 derecho hacia Héctor, y su ánimo ansiaba herirlo,
302 y a él, claro, le erró, mas al insuperable Gorgitión,
303 noble hijo de Príamo, lo hirió en el pecho con el dardo -
304 a ese que parió su madre desposada tras venir de Esime,
305 la bella Castianira, semejante en cuerpo a las diosas -
306 y así como arroja hacia un lado su cabeza la amapola, que en el jardín
307 está cargada por el fruto y las lloviznas primaverales,
308 así hacia un lado se inclinó la cabeza, pesada por el casco.
309 Y Teucro despidió otra flecha de la cuerda
310 derecho hacia Héctor, y su ánimo ansiaba herirlo,
311 pero también entonces le erró a este, pues la descarrió Apolo,
312 pero a Arqueptólemo, el osado auriga de Héctor,
313 que se arrojaba a la guerra, lo hirió en el pecho junto a la tetilla,
314 y se desplomó del carro, y recularon sus caballos
315 [de pies veloces, y se aflojaron allí su furor y su vida.]
316 Y a Héctor un horrible sufrimiento por su auriga le cubrió las entrañas.
317 Enseguida a aquel lo dejó, a pesar de estar afligido por su compañero,
318 y ordenó a Cebriones, su hermano, que estaba cerca,
319 tomar las riendas de los caballos, y este no desobedeció al escucharlo.
320 Y él mismo saltó al suelo de la caja resplandeciente,
321 gritando espantosamente, y una roca tomó con la mano,
322 y fue derecho hacia Teucro, y su ánimo le mandaba herirlo.
323 Este, por cierto, del carcaj sacó una amarga flecha
324 y la colocó en la cuerda, mas a su vez Héctor de centelleante casco,
325 mientras la jalaba junto al hombro, donde la clavícula separa
326 el cuello del pecho, y es más mortal,
327 por allí al que contra él se lanzaba hirió con la dentada piedra,
328 y le rompió la cuerda, y se entumeció su brazo en la muñeca,
329 y se quedó, desplomándose de rodillas, y el arco se le cayó de la mano.
330 Mas Áyax no desatendió a su hermano caído,
331 sino que fue corriendo junto a él y lo rodeó con su escudo.
332 A él luego, poniéndosele debajo dos leales compañeros,
333 Mecisteo hijo de Equio y el divino Alástor,
334 hacia las huecas naves lo llevaron, gimiendo profundamente.
335 Y una vez más el Olímpico infundió furor en los troyanos,
336 y ellos derecho hacia el profundo foso empujaron a los aqueos,
337 y Héctor entre los primeros avanzaba, ufanándose de su vigor.
338 Y así como cuando algún perro a un salvaje jabalí o a un león
339 persiguiéndolo con rápidos pies lo agarra por detrás,
340 por las ancas y las nalgas, y acecha por si se da vuelta,
341 así Héctor seguía a los aqueos de largos cabellos
342 sin parar matando al de más atrás, y ellos se espantaban.
343 Pero una vez que atravesaron las estacas y el foso
344 huyendo y muchos fueron doblegados por las manos de los troyanos,
345 ellos se contuvieron, permaneciendo junto a las naves,
346 exhortándose unos a los otros, y a todos los dioses
347 alzando las manos rogaba fuerte cada uno,
348 pero Héctor hacía que los rondaran los caballos de bellas crines,
349 teniendo los ojos de una gorgona y de Ares, de los mortales ruina.
350 Y viéndolos se compadeció la diosa Hera de blancos brazos,
351 y al punto le dijo a Atenea estas aladas palabras:
352 “¡Ay, ay, hija de Zeus portador de la égida! ¿Ya nosotras no
353 nos preocupamos, aunque sea a último momento, por los dánaos que mueren?
354 Ellos sin duda perecerán tras completar un mal destino
355 por el empuje de un solo varón, y este se enfurece ya no tolerablemente,
356 Héctor Priamida, y encima produce muchos males.”
357 Y le dijo en respuesta la diosa Atenea de ojos refulgentes:
358 “¡Ojalá ese perdiera el furor y la vida,
359 muriendo bajo las manos de los aqueos en su tierra patria!
360 Pero mi padre se enfurece en las no buenas entrañas -
361 inclemente, siempre malvado, sofrenador de mis furores -
362 y no se acuerda para nada de esas cosas, que muchísimas veces a su hijo
363 salvé cuando estaba agobiado por los trabajos de Euristeo, -
364 este, por cierto, lloraba hacia el firmamento, y a mí Zeus
365 para que lo defendiera desde el firmamento me enviaba -,
366 pues si yo estas cosas hubiera sabido en mis meditabundas entrañas
367 cuando lo mandó hacia Hades, custodio de las puertas,
368 desde el Érebo, conduciendo al perro del abominable Hades,
369 no habría escapado de las hondas corrientes del agua del Estigia.
370 Y ahora me aborrece, y llevó a cabo los planes de Tetis,
371 que las rodillas le besó y le tomó con la mano el mentón,
372 suplicando que honre a Aquiles saqueador de ciudades.
373 ¡Habrá un día en que de nuevo diga querer a la de ojos refulgentes!
374 Así que vos ahora aparejanos los solípedos caballos
375 mientras yo, tras sumergirme en la morada de Zeus portador de la égida,
376 me equipo con las armas para la guerra, para ver
377 si por nosotras dos el hijo de Príamo, Héctor de centelleante casco,
378 se alegrará cuando aparezcamos en las franjas de tierra de la guerra,
379 o también alguno de los troyanos satisfará a los perros y las aves rapaces
380 con su grasa y su carne, tras caer sobre las naves de los aqueos.”
381 Así habló, y no desobedeció la diosa Hera de blancos brazos.
382 Ella, yendo y viniendo, aparejó los caballos de doradas frentera,
383 Hera, la mayor diosa hija del gran Crono,
384 mientras que Atenea, hija de Zeus portador de la égida,
385 el fino peplo vertió sobre el suelo de su padre,
386 magnífico, ese que ella misma hizo y elaboró con sus manos,
387 y, tras vestirse la túnica de Zeus, que amontona las nubes,
388 se equipó con las armas para la guerra llena de lágrimas,
389 y subió con sus pies al flamígero carro, y sujetó la pica,
390 pesada, grande, maciza, con la que doblega las columnas de varones
391 héroes con los que está resentida la de imponente padre.
392 Y Hera con el látigo rápidamente tocó, claro, a los caballos,
393 y crujieron las autómatas puertas del firmamento, que tienen las Horas,
394 a las que están encomendadas el gran firmamento y el Olimpo,
395 tanto para dispersar la densa nube como para ponerla encima.
396 Por ahí, a través de aquellas, dirigieron a los aguijoneados caballos.
397 Y Zeus padre, ya que desde el Ida las vio, se irritó, claro, terriblemente,
398 y mandó a Iris de alas de oro, para que llevara un mensaje:
399 “Ve, rápida Iris, haz que se vuelvan y no dejes que delante mío
400 vengan, pues no será bueno que nos encontremos en la guerra,
401 pues diré así y esto también se habrá de cumplir:
402 les desjarretaré bajo su carro a los veloces caballos,
403 y a ellas mismas las arrojaré de la caja y romperé el carro -
404 ni con el transcurrir de diez años
405 se les curarán del todo las lesiones con las que las agarrará el rayo -
406 para que sepa la de ojos refulgentes cuando lucha con su propio padre.
407 Mas con Hera no me indigno ni me irrito tanto,
408 pues siempre acostumbra oponerse a lo que pienso.”
409 Así habló, y se lanzó Iris de pies de ráfaga llevando el mensaje,
410 y marchó desde los montes ideos hacia el gran Olimpo,
411 y en las primeras puertas del Olimpo de muchas ondulaciones
412 encontrándolas las retuvo, y les dijo estas palabras de Zeus:
413 “¿Adónde van tan ansiosas? ¿Qué les enfurece el corazón en las entrañas?
414 El Cronida no deja que se ampare a los argivos,
415 pues así amenazó el hijo de Crono, lo que se cumplirá:
416 les desjarretará bajo sus carros a los veloces caballos,
417 y a ustedes mismas las arrojará de la caja y romperá el carro -
418 ni con el transcurrir de diez años
419 se les curarán del todo las lesiones con las que las agarrará el rayo -
420 para que sepas, ojos refulgentes, cuando luchas con tu propio padre.
421 Mas con Hera no se indigna ni se irrita tanto,
422 pues siempre acostumbra oponerse a lo que piensa,
423 pero vos, infeliz, perra impertinente, si de verdad
424 te vas a atrever a levantar frente a Zeus la aterradora pica…”
425 Ella, claro, tras hablar así, partió, Iris de pies veloces,
426 mientras que a Atenea Hera le dirigió estas palabras:
427 “¡Ay, ay, hija de Zeus portador de la égida! Yo, por lo menos, ya no
428 nos dejaré que frente a Zeus guerreemos a causa de los mortales.
429 Que alguno de ellos perezca, que otro viva,
430 al que le toque, y aquel según lo que piense en su ánimo que
431 juzgue sobre los troyanos y los aqueos, como es conveniente.”
432 Tras hablar así, claro, hizo volver a los solípedos caballos,
433 y las Horas les soltaron los caballos de bellas crines
434 y a estos los ataron en inmortales pesebres,
435 y al carro lo apoyaron frente a la resplandeciente pared de la entrada.
436 Y ellas mismas se sentaron en dorados sillones
437 entre los demás dioses, entristecidas en su querido corazón.
438 Y Zeus padre desde el Ida el carro de buenas ruedas y los caballos
439 dirigió hacia el Olimpo, y llegó a los asientos de los dioses.
440 También a él le soltó los caballos el renombrado sacudidor de la tierra,
441 y colocó el carro sobre tarimas, extendiendo sobre él una tela.
442 Y él mismo, Zeus de vasta voz, sobre un trono de oro
443 se sentó, y bajo sus pies se sacudió el gran Olimpo.
444 Y ellas, Atenea y Hera, solas, aparte de Zeus,
445 estaban sentadas las dos, y nada le decían ni le preguntaban,
446 pero él comprendió en sus entrañas y dijo:
447 “¿Por qué están así entristecidas las dos, Atenea y Hera?
448 No puede ser que se hayan cansado en la batalla que glorifica varones
449 de matar troyanos, contra los que tenéis un infeliz rencor.
450 Jamás, por cómo son mi furor y mis invencibles manos,
451 me harían volverme cuantos dioses hay en el Olimpo,
452 mas a ustedes un temblor les tomó los ilustres miembros
453 incluso antes de ver la guerra y las desoladoras acciones de la guerra,
454 pues diré así y esto también se habría cumplido:
455 sobre vuestros carros, golpeadas por el rayo,
456 no habrían vuelto al Olimpo, donde está el asiento de los inmortales."
457 Así habló, y ellas murmuraron, Atenea y Hera -
458 se sentaban ellas lado a lado, y meditaban males para los troyanos -.
459 Atenea, por cierto, estuvo en silencio y no dijo nada,
460 enojada con su padre Zeus, y la tomaba una ira salvaje;
461 mas a Hera no le contuvo la ira el pecho, sino que dijo:
462 “Cronida, infeliz, ¿qué es esta palabra que dijiste?
463 ¡Nosotros ya sabemos que tu vigor es inquebrantable!
464 Pero sin embargo nos lamentamos por los dánaos portadores de lanzas,
465 que sin duda perecerán tras completar un mal destino.
466 [Pero, bueno, nos alejaremos de la guerra, como vos ordenás,
467 mas aconsejaremos un plan a los argivos, alguno que los favorezca,
468 para que no todos perezcan aborrecidos por vos.]”
469 Y sonriéndole dijo Zeus, que amontona las nubes:
470 “¡Con la Aurora todavía más al Cronión de furor inmenso
471 lo verás, si querés, Hera venerable, la de ojos de buey,
472 matando a mucho del ejército de los argivos portadores de lanzas,
473 pues no se abstendrá de la guerra el imponente Héctor
474 antes de impulsar junto a las naves al Peleión de pie veloz,
475 ese día, cuando ellos combatan junto a las popas
476 en la más infeliz estrechez en torno a Patroclo muerto -
477 pues así está decretado -, y de vos yo no me cuide,
478 ni irritada, ni si te vas a los más bajos extremos
479 de la tierra y del mar, donde Jápeto y Crono,
480 sentados, ni de los destellos del Sol Hiperión
481 gozan, ni de los vientos, y alrededor está el profundo Tártaro;
482 ni si allí llegás errante yo de vos
483 ni enojada me preocupo, ya que no hay otro más perra que vos.”
484 Así habló, y nada le dijo Hera de blancos brazos.
485 Y cayó en el Océano la relumbrante luz del Sol,
486 arrastrando la negra noche sobre el campo dador de grano.
487 Para los troyanos, claro, a su pesar se hundió la luz, pero para los aqueos
488 jubilosa y mil veces suplicada llegó la oscura noche.
489 La asamblea de los troyanos, por su parte, formó el ilustre Héctor,
490 conduciéndolos lejos de las naves, sobre el turbulento río,
491 en un claro, donde el terreno se dejaba ver entre los cadáveres.
492 Y tras bajar de los caballos hacia el suelo escucharon las palabras,
493 esas que pronunció Héctor, querido por Zeus, y, claro, en la mano
494 tenía la pica de once codos, y relumbraba delante de la lanza
495 la broncínea punta, y una abrazadera de oro la rodeaba.
496 Él, apoyándose en esta, dijo estas palabras entre los troyanos:
497 “Escúchenme, troyanos y dárdanos y además los aliados.
498 Estaba seguro de que ahora, tras destruir las naves y a todos los aqueos,
499 regresaría de nuevo hacia Ilión ventosa,
500 pero llegó antes la oscuridad, que ahora salvó en especial
501 a los argivos y a sus naves sobre la rompiente del mar.
502 Pero, bueno, ahora hagamos caso a la negra noche
503 y preparemos la cena, y a los caballos de bellas crines
504 soltemos de los carros, y arrojemos comida junto a ellos,
505 y traigan desde la ciudad vacas y fuertes rebaños
506 velozmente, y procúrense el vino de dulce espíritu
507 y el pan de los palacios, y además junten mucha madera
508 para que toda la noche hasta la Aurora nacida temprano
509 hagamos arder muchas piras, y que el fulgor llegue al firmamento,
510 no vaya a ser que también con la noche los aqueos de largos cabellos
511 se lancen a huir sobre el ancho lomo del mar.
512 ¡Que no se suban a las naves sin algún esfuerzo ni tranquilos,
513 sino así, que al menos alguno de ellos mastique también en su casa un tiro,
514 herido o por un dardo o por una aguda pica
515 al saltar sobre la nave, para que tiemble también algún otro ante la idea
516 de traerles a los troyanos domadores de caballos a Ares de muchas lágrimas!
517 Y que los heraldos, queridos por Zeus, lleven a la ciudad el mensaje de que
518 los chicos en su primera juventud y los ancianos con canas en las sienes
519 pernocten en torno a la ciudad sobre las torres construidas por los dioses,
520 y que las femeninas mujeres, cada una, en los palacios
521 hagan arder una gran pira, y que esté firme alguna guardia,
522 no sea que entre a la ciudad una emboscada estando fuera las tropas.
523 Que sea así, troyanos de corazón vigoroso, como digo,
524 y que estas palabras sean, las que dichas ahora son beneficiosas,
525 y las que con la Aurora diré entre los troyanos domadores de caballos.
526 Ruego con esperanza a Zeus y a los demás dioses
527 alejar de aquí a estos perros llevados por los espíritus de la muerte,
528 a los que los espíritus de la muerte llevan sobre las negras naves.
529 Pero, bueno, custodiémonos esta noche entre nosotros,
530 y temprano, con la Aurora, equipados con las armas
531 sobre las huecas naves despertemos al agudo Ares.
532 Veré si él, el fuerte Diomedes Tidida,
533 de junto a las naves frente a la muralla me aleja, o yo, tras a él
534 destrozarlo con el bronce, me llevo los sangrientos despojos.
535 Mañana se distinguirá su excelencia, si mi pica
536 espera cuando se le acerque, pero creo que entre los primeros
537 yacerá herido, y en torno a él muchos compañeros,
538 al alzarse el Sol mañana. ¡Tanto desearía yo
539 ser inmortal y libre de vejez por el resto de los días,
540 y que me honraran como son honrados Atenea y Apolo,
541 tanto como ahora este día llevará el mal a los argivos!”
542 Así decía Héctor, y lo celebraron los troyanos.
543 Ellos soltaron a los sudorosos caballos del yugo,
544 y los ataron con correas, cada uno junto a su carro,
545 y llevaron desde la ciudad vacas y fuertes rebaños
546 velozmente, y se procuraron el vino de dulce espíritu
547 y el pan de los palacios, y juntaron mucha madera,
548 [e hicieron para los inmortales perfectas hecatombes]
549 y los vientos llevaron la grasa de la llanura hasta el firmamento,
550 [dulce, mas nada de ella los dioses bienaventurados se repartieron,
551 ni la querían, pues era muy detestada para ellos la sagrada Ilión,
552 y Príamo y el pueblo de Príamo, de buena lanza de fresno.]
553 Ellos con gran ímpetu sobre las franjas de tierra de la guerra
554 se sentaron toda la noche, y muchas piras para ellos ardían.
555 Y como cuando en el firmamento las estrellas en torno a la reluciente luna
556 aparecen sobresalientes, cuando está despejado el cielo
557
  • se revelan todos los miradores y los altos promontorios
558 y los valles, y así desde el firmamento se rasga el inacabable cielo -,
559 y se ven todas las estrellas, y alegran las entrañas del pastor,
560 tantas entre las naves y las corrientes del Janto
561 parecían las piras que hacían arder los troyanos frente a Ilión.
562 Mil piras ardían entonces en la llanura, y junto a cada una
563 se sentaban cincuenta, al fulgor del ardiente fuego,
564 y los caballos, pastando blanca cebada y espelta,
565 parados junto a los carros a la Aurora de buen trono esperaban.
v1, La Aurora

Sobre la Aurora, VER ad 1.477.

INTR CONC MITO NOTE
v2, Zeus, el que arroja rayos

Sobre Zeus, VER ad 1.5; sobre su relación con el rayo, VER ad 1.419.

INTR MITO NOTE
v3, Olimpo de muchos picos

Sobre el Olimpo, VER ad 1.18.

INTR MITO HIST NOTE
v13, al tenebroso Tártaro

El Tártaro es en la mitología griega el lugar más profundo del inframundo, donde los dioses encierran a los peores transgresores contra el orden Olímpico, como los titanes, los hecatónquiros (VER ad 1.402) o, en algunas versiones, Tifón (VER ad 2.782). Las dos descripciones más antiguas de él se encuentran en este pasaje y en Hes., Th. 717-733. Leer más: Wikipedia s.v. Tártaro (mitología).

INTR MITO NOTE
v16, de Hades

Sobre Hades, VER ad 1.3.

INTR CONC MITO NOTE
v36, a los argivos

VER ad 1.79.

INTR FORM NOTE
v39, Tritogenia

VER ad 4.515.

INTR FORM NOTE
v47, y llegó al Ida

Sobre el Ida, VER ad 2.821.

INTR HIST NOTE
v48, al Gárgaro

Se han ofrecido dos identificaciones de este monte: el actual Baba Dağ (entiendo que en 39.70767360013383, 26.835546599325923), defendido por Kirk (47-8, con referencias), que es el monte más alto de la cordillera del Ida, y el Koca Kaya, en el extremo occidental de esta (quizás cerca de la antigua Gargara, en 39.54097122723708, 26.52075079619517), defendido por Luce (1998: 51 y 238 n. 21). El principal punto de debate radica en si el campo de batalla es visible desde estos lugares, pero, considerando que están a más de 50 km de Troya, la cuestión es un tanto ociosa y es la capacidad divina de Zeus la que le permite ver lo que sucede desde estos sitios (¡el dios identifica guerreros individuales desde su asiento en el Ida!). Leer más: Luce, J. V. (1998) Celebrating Homer’s landscapes, New Haven: Yale University Press.

INTR MITO HIST INTP NOTE
v53, de largos cabellos

Sobre el cabello largo, VER ad 2.11.

INTR CONC HIST NOTE
v62, los escudos repujados

VER ad 4.448.

INTR HIST NOTE
v68, el Sol ocupó el centro del firmamento

Es decir, el mediodía o, más específicamente, el periodo que va desde algo antes del mediodía hasta la media tarde.

INTR NARR NOTE
v70, dos espíritus de la muerte

Sobre las kêres, VER ad 2.302.

INTR CONC FORM RELI NOTE
v78, ni Idomeneo se animó a resistir

Sobre Idomeneo, VER ad 1.145. Como el resto de los héroes que se mencionan en esta escena (con la excepción del segundo de los “Ayantes” - VER ad 8.79), ha aparecido por última vez en el canto 7, en el duelo entre Áyax y Héctor (en su caso particular, antes del combate).

INTR MITO NOTE
v78, Agamenón

VER ad 1.7.

INTR MITO NOTE
v79, los dos Ayantes

VER ad 2.406. Este es uno de los casos en donde es imposible saber en quiénes está pensando el poeta o su audiencia, pero la aparición de Teucro más adelante en este canto al menos favorece la idea de que el segundo “Áyax” aquí es él. Teucro ha aparecido en 6.31, matando a un troyano.

INTR MITO NARR FORM INTP NOTE
v80, Néstor solo

Sobre Néstor, VER ad 1.247.

INTR MITO NOTE
v81, un caballo

Específicamente, el caballo lateral, como se extrae de 87. Esta es una de las dos ocasiones en Ilíada (la otra está en 16.152-154) en las que el par habitual de caballos que tiran de un carro aparece acompañado de un tercero, cuyo propósito no es del todo claro.

INTR NARR MILI NOTE
v82, el divino Alejandro, esposo de Helena de bellos cabellos

Sobre Paris, VER ad 3.16. Sobre la fórmula, VER ad 3.329.

INTR MITO FORM NOTE
v89, a un osado auriga llevando

“Auriga” (i.e. heníokhon en griego) aquí referido al guerrero que combate sobre el carro, no a quien lo conduce.

INTR CONC NARR NOTE
v90, a Héctor

VER ad 1.242.

INTR MITO NOTE
v91, Diomedes

Sobre Diomedes, VER ad 2.406.

INTR MITO NOTE
v92, a Odiseo, alentándolo

Sobre Odiseo, VER ad 1.138.

INTR MITO NOTE
v100, y se paró delante de los caballos

Presumiblemente, “caballos” aquí por “carro” (VER ad 2.383), y la idea es que Diomedes se coloca entre este y Héctor.

INTR NARR NOTE
v106, los caballos de Tros

Sobre Tros y sus caballos, VER ad 5.222.

INTR MITO NOTE
v108, Eneas

VER ad 2.820.

INTR MITO NOTE
v114, el fuerte Esténelo

Sobre Esténelo, VER ad 4.367. La última vez que ha aparecido en escena, en 5.835-836, también ha sido para ser reemplazado por otro auriga.

INTR MITO NOTE
v114, el gentil Eurimedonte

Sobre el nombre, VER ad 4.228. El personaje reaparece en 11.620.

INTR MITO NOTE
v120, Tebeo de inmenso ánimo, a Eniopeo

Dos completos desconocidos, con nombres llamativamente únicos, aunque el de Tebeo tiene en griego la misma forma exacta del gentilicio “tebano”, lo que es sin duda curioso. ¿Quizás tendrían alguna parte menor en la saga troyana previa a la guerra? No puedo sino recordar que, en la generación anterior, Troya había sido arrasada por el tebano Heracles (VER ad 3.250).

INTR MITO NOTE
v128, Arqueptólemo Ifitida

Arqueptólemo es un desconocido de nombre único (como su predecesor: VER ad 8.120), que reaparecerá más adelante en este canto solo para morir (309-316). Su padre Ífito comparte nombre con varios personajes mitológicos (cf. Wikipedia, s.v. Iphitos), por lo que debe tratarse de un mero nombre de stock.

INTR MITO NOTE
v154, los dardaniones

VER ad 7.414.

INTR MITO HIST NOTE
v173, licios

Sobre este gentilicio, VER ad 4.197.

INTR HIST NOTE
v173, dárdanos

VER ad 2.819.

INTR MITO HIST NOTE
v174, recuerden su impetuoso brío

VER ad 4.234.

INTR CONC FORM NOTE
v176, la victoria y gran gloria

Sobre el kŷdos, VER ad 1.279.

INTR CONC NOTE
v187, Andrómaca, hija de Eetión de corazón vigoroso

Sobre Andrómaca, VER ad 6.371; sobre Eetión, VER ad 1.366.

INTR MITO NOTE
v195, que Hefesto

Sobre Hefesto, VER ad 1.571.

INTR MITO NOTE
v200, al gran dios Poseidón

Sobre Poseidón, VER ad 1.400.

INTR MITO NOTE
v203, Hélica

Sobre Hélica, VER ad 2.575.

INTR HIST NOTE
v203, Egas

Sobre Egas, VER ad 13.21: como sucede allí, no es claro en absoluto a cuál de las Egas es a la que se está haciendo alusión, pero el vínculo con Poseidón está bien establecido.

INTR MITO HIST NOTE
v213, y de ellos

De los aqueos, retomado o bien del discurso de Hera o de 196 en el de Héctor.

INTR NARR NOTE
v221, la gran capa purpúrea teniendo

Sobre la “capa”, VER ad 2.43; sobre el púrpura, VER ad 3.126.

INTR HIST NOTE
v224, tanto hasta las tiendas de Áyax Telamoníada

Los versos 224-226 faltan en la mayor parte de los manuscritos, de donde que estén entre corchetes.

INTR TEXT NOTE
v225, Aquiles

VER ad 1.7.

INTR MITO NOTE
v226, habían varado

Sobre el procedimiento de desembarco, VER ad 1.485.

INTR FORM HIST NOTE
v230, cuando estábamos en Lemnos

Sobre Lemnos, VER ad 1.593; Agamenón está haciendo referencia al paso de la flota por la isla, un momento significativo en la tradición, porque allí fue abandonado Filoctetes (VER ad 2.721).

INTR MITO HIST NOTE
v247, un águila

El águila es el ave de Zeus por excelencia, que aparece a menudo en los augurios del dios (cf. 12.200-201, 24.315-321, Od. 2.146-154).

INTR RELI NOTE
v257, a Agelao Fradmónida

Otro Agelao muere a manos de Héctor en 11.302, y hay también un pretendiente de Penélope de ese nombre (Od. 20.321, 339, etc.), que es sin duda de stock. Su padre Fradmón, por el contrario, aunque también un total desconocido, tiene un nombre único, que comparte con un escultor de siglo V (cf. Wikipedia, s.v. Phradmon).

INTR MITO NOTE
v261, Menelao

Sobre Menelao, VER ad 1.16. Su última aparición ha sido en 7.94-122, cuando se levanta solo para combatir contra Héctor.

INTR MITO NARR NOTE
v262, los Ayantes

Sobre los “Ayantes”, VER ad 2.406. Aquí, como es obvio a partir de la mención de Teucro abajo, son Áyax de Oileo y Telamonio. El último ha protagonizado el canto 7 y fue mencionado en 8.79 entre los que huyen, mientras que el primero no ha participado todavía de la batalla (aunque VER ad 7.164).

INTR MITO NOTE
v263, Idomeneo

Sobre Idomeneo, VER ad 1.145. Ha aparecido por última vez huyendo de los troyanos en 78.

INTR MITO NOTE
v264, Meriones

Sobre Meriones, VER ad 2.651. La última vez que ha aparecido en escena es en el catálogo de héroes que se levantan para luchar contra Héctor en 7.162-168, junto a varios de los personajes en este pasaje.

INTR MITO NOTE
v265, Eurípilo, brillante hijo de Evemón

Sobre Eurípilo y su padre, VER ad 2.736.

INTR MITO NOTE
v266, Teucro

Sobre Teucro, VER ad 6.31, donde ha aparecido por última vez matando a un troyano (aunque VER ad 7.164).

INTR MITO NOTE
v274, Orsíloco primero, y a Órmeno y además a Ofelestes

Un Orsíloco de un poco más de trascendencia ha muerto en 5.541-553, otro Órmeno morirá en 12.187 y otro Ofelestes en 21.210. No deben ser más que nombres de stock para estos extras.

INTR MITO NOTE
v275, Détor, a Cromio y también a Licofontes igual a los dioses

Détor es, aunque por completo desconocido, notablemente único en este contexto de nombres de stock. Sobre Cromio, siempre un favorito entre los extras, VER ad 4.295; sobre Licofontes, VER ad 4.395.

INTR MITO NOTE
v276, Amopaón Poliemónida y a Melanipo

Amopaón y Poliemón son únicos y desconocidos. “Melanipo”, por el contrario, es un nombre muy común tanto en el mito como en la historia, que comparten tres troyanos muertos (además de este, en 15.546-584 por Antíloco y en 16.695 por Patroclo) y un griego mencionado solo en 19.240.

INTR MITO NOTE
v279, falanges de los troyanos

Sobre las “falanges”, VER ad 2.558.

INTR CONC HIST NOTE
v281, querida cabeza

El uso de “cabeza” para aludir a alguien es una marca de afecto.

INTR FORM NOTE
v283, Telamón

Hijo de Éaco, hijo de Zeus y, por lo tanto, hermano de Peleo (VER ad 1.489), Telamón es el rey de Salamina y un héroe de considerable trayectoria en la mitología griega, cuya fama está intrínsecamente ligada a Troya: él mismo participó de la primera expedición contra la ciudad comandada por Heracles (VER ad 3.250) y sus dos hijos, Áyax y Teucro, participan de la segunda. La introducción de Telamón y su posible orgullo tienen aquí un toque de ironía trágica, puesto que Teucro será expulsado de Salamina al volver de Troya por no haber llevado a su hermano de vuelta consigo. Leer más: Wikipedia s.v. Telamón.

INTR MITO NOTE
v287, Zeus portador de la égida y Atenea

Sobre la égida, VER ad 1.202.

INTR MITO NOTE
v290, trípode

El trípode es un pequeño mueble de tres patas, en Homero siempre utilizado para colocar un caldero encima para calentar agua. Se trata de un objeto cotidiano, pero que a menudo, por su decoración o por sus materiales, funciona como objeto de lujo. En la Grecia histórica, además, eran utilizados en rituales religiosos y oraculares (cf. Wikipedia, s.v. Sacrificial tripod).

INTR HIST RELI NOTE
v302, al insuperable Gorgitión

Como es de imaginar, un desconocido, aunque con un nombre único que von Kamptz (1982: 322) ha asociado con el pueblo de los gergites, que habitaba la zona al norte de Troya y es mencionado por diversos autores antiguos (Hdt. 5.122; X., Hel. 3.1.15; Str. 13.1.19). Leer más: von Kamptz, H. (1982) Homerische Personennamen: sprachwissenschaftliche und historische Klassifikation, Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht.

INTR MITO NOTE
v304, desposada

Hay suficiente evidencia en el poema como para garantizar que los troyanos, o al menos Príamo, eran concebidos como polígamos, con este siendo uno de los tres pasajes en donde se le atribuye al rey una esposa legítima distinta a Hécabe (cf. 21.84-89 y 22.46-48, ambos sobre Laótoe.

INTR CONC HIST NOTE
v304, Esime

La ciudad es desconocida, pero Esteban de Bizancio (s.v.) afirma que estaba en Tracia, lo que es al menos coherente con la relación de los troyanos con esta región (cf. 2.844-845)

INTR HIST NOTE
v305, Castianira

Como puede imaginarse, por completo desconocida.

INTR MITO NOTE
v315, de pies veloces, y se aflojaron allí su furor y su vida

VER ad 8.123.

INTR TEXT NOTE
v318, ordenó a Cebriones

Cebriones es uno de los hijos bastardos de Príamo (cf. 16.738), y un guerrero de mediana importancia en el campo troyano. Será auriga de Héctor por buena parte de la gran batalla, donde además luchará a pie en el ataque al muro (12.91-92). Su mayor mérito en el poema, sin embargo, es ser la última víctima nombrada de Patroclo, en 16.726-750, produciendo una lucha por su cadáver que culminará en la muerte del héroe.

INTR MITO NOTE
v333, Mecisteo hijo de Equio

No debe confundirse con el Mecisteo de 2.566, miembro de los siete que lucharon contra Tebas. Otro Mecisteo hijo de Equio, compañero de Áyax, aparece en una secuencia idéntica a esta en 13.422, y un Mecisteo muere en 15.339, que puede el de este pasaje o el de 13. En cualquier caso, habida cuenta de que hay otro “Equio” en esa escena de 15, es evidente que, como “Alástor”, “Mecisteo” y “Equio” son nombres de stock para extras.

INTR MITO NOTE
v333, el divino Alástor

VER ad 4.295.

INTR MITO NOTE
v348, los caballos de bellas crines

Típicamente, no se indica que Héctor ha subido de nuevo a su carro. La acción es una parte tan básica de la conducta de los guerreros homéricos (VER ad 4.226) que el poeta no siente ninguna necesidad de especificar cada vez que se produce, y la audiencia podría con total facilidad entender qué ha pasado cuando un héroe que estaba a pie aparece en un carro o viceversa.

INTR NARR NOTE
v349, una gorgona

La gorgona es un monstruo con rostro de mujer, colmillos y serpientes en lugar de cabellos, muy habitual en las decoraciones de objetos en la Grecia Antigua. Suele entenderse que tienen una función protectora e intimidante.

INTR MITO NOTE
v363, Euristeo

Euristeo es el famoso rey de Micenas que comisionó los trabajos de Heracles. Hijo de Esténelo, hijo de Perseo, para que heredara el reino Hera hizo adelantar su nacimiento y retrasar el de Heracles, dado que Zeus había proclamado que el primer descendiente de Perseo en nacer heredaría el reino. Euristeo era un rey mediocre y cobarde, que es habitualmente representado escondido en un gran contenedor de vino enterrado para no enfrentar a Heracles al encargarle sus trabajos. Leer más: Wikipedia s.v. Eurystheus.

INTR MITO NOTE
v367, cuando lo mandó hacia Hades

I.e. Euristeo, en uno de los trabajos de Heracles, la captura del perro Cerbero (VER ad 8.368).

INTR MITO NOTE
v368, desde el Érebo

El Érebo es la región oscura en la que vagan los espíritus de los muertos. En la Teogonía de Hesíodo (v. 123), surge del caos primordial en el comienzo del cosmos. En la escatología homérica, el Érebo es sinónimo o, más bien, parte del Hades. Leer más: EH sub Erebos.

INTR MITO NOTE
v368, conduciendo al perro

El perro de Hades es Cerbero, nombrado por primera vez por Hesíodo (Th. 310-312), que lo describe como un hijo de Equidna de cincuenta cabezas. Las representaciones iconográficas fluctúan bastante en la cantidad, con las más antiguas mostrando una (BAPD 310359), dos (BAPD 10714 y 10772) o tres (BAPD 800006), el número que se estandarizaría luego. Es difícil saber en qué medida esto puede explicarse por la variación en la tradición y en qué medida por el hecho de que más de dos o tres cabezas serían muy difícil de representar en las vasijas.

INTR MITO NOTE
v369, las hondas corrientes del agua del Estigia

Sobre el río Estigia, VER ad 2.755.

INTR MITO NOTE
v378, las franjas de tierra de la guerra

Sobre esta expresión, VER ad 4.371.

INTR MORF NOTE
v393, las Horas

Sobre las Horas, VER ad 5.749.

INTR MITO NOTE
v398, Y mandó a Iris

Sobre Iris, VER ad 2.786.

INTR MITO NOTE
v479, Jápeto

La única mención de este titán (VER ad 5.898) en Ilíada, famoso ante todo por ser el padre de Prometeo y Epimeteo (cf. Hesíodo, Th. 507-514, y Wikipedia, s.v. Jápeto).

INTR MITO MITO NOTE
v479, Crono

Sobre Crono, VER ad 4.59.

INTR MITO NOTE
v480, del Sol Hiperión

“Hiperión” porque el Sol es hijo del titán Hiperión (VER ad 1.475).

INTR MITO NOTE
v485, Y cayó en el Océano la relumbrante luz del Sol

Sobre el Océano, VER ad 1.423.

INTR MITO NOTE
v490, lejos de las naves, sobre el turbulento río

Dada la distribución del campo de batalla, es evidente que este río es el Escamandro (VER ad 2.465).

INTR NARR NOTE
v494, tenía la pica de once codos

Sobre esta medida, VER ad 6.319.

INTR HIST NOTE
v497, troyanos y dárdanos y además los aliados

Sobre los dárdanos, VER ad 2.819.

INTR HIST NOTE
v517, los heraldos, queridos por Zeus

Sobre los heraldos, VER ad 1.321.

INTR CONC RELI NOTE
v522, entre a la ciudad una emboscada

Sobre la emboscada, VER ad 1.227.

INTR CONC NOTE
v535, su excelencia

Su areté, sobre la que VER ad 1.91.

INTR CONC NOTE
v548, perfectas hecatombes

Sobre la hecatombe, VER ad 1.65.

INTR CONC HIST NOTE
v549, llevaron la grasa de la llanura hasta el firmamento

Sobre la grasa y su rol en la religión griega, VER ad 1.66.

INTR CONC RELI NOTE
v560, Janto

El Escamandro (VER ad 6.4).

INTR MITO HIST NOTE